Posteado por: barcoilusion | 19/04/2012

PASEO EN AUTO CARAVANA

PASEO EN AUTO CARAVANA

Alquilamos una furgoneta auto caravana y salimos a dar un paseo. Después de consultar gran cantidad de folletos y mapas y  en vista que disponíamos de unos 5 días antes de Semana Santa, decidimos largamos hacia el Sur por la costa para entrar después hacia el Oeste buscando la zona un poco más desértica donde suponíamos que podía cambiar un poco el paisaje y donde se encontraban las típicas granjas australianas.

El vehículo era del tipo monovolumen acondicionado con una cama, frigorífico, hornillo y un lavabo-fregadero, pequeña y simple (es decir lo más barato que encontramos). Como ya venía equipado con sábanas, edredón y vajilla, sólo buscamos en el barco ropa y algunos comestibles  en mayoría fresco que se nos iban a echar a perder en el barco.

Dejamos el velero en la misma bahía donde estábamos fondeados con las llaves del motor puestas por las dudas hubiera algún problema en el anclaje. Un vecino australiano le iba a echar el ojo por las dudas. Este fondeo es muy tranquilo y seguro, protegido de todos los vientos y sin corrientes de entrante y saliente.

Una vez que arrancamos por la Freeway hacia el Sur (al principio pensando en conducir “Por la izquierda, por la izquierda” hasta acostumbrarnos de nuevo a este sentido de la circulación), pasamos por pequeños pueblos que al estar unidos a la ciudad de Sydney la hacen bastante extensa (y la mas poblada de Australia) hasta llegar al Parque Nacional Royal.

Como ya era el mediodía, hicimos un alto en una “Rest area” que son paradas para descansar y están equipadas con mesas y bancos, servicios de Toilettes y agua, todo techado. El sitio era precioso, con una vegetación frondosa mas propia de los trópicos que de un sitio de latitudes bajas (hay que decir que toda la zona costera y en especial de Sydney es muy verde, con grandes árboles, helechos y plantas en bosques rayando la selva y si le sumamos a esto la gran cantidad de pájaros, loros y cotorras que parlotean constantemente, la sensación de selva se vuelve mas presente).

Esta área de descanso está bastante elevada y desde el mirador nos dimos cuenta que estábamos en un gran risco de donde en la parte baja cortada a pique estaba la costa del mar con una gran playa y casas de vacaciones. Una vista preciosa a pesar de que la niebla y la llovizna no permitían una mayor visibilidad. Visto esto, fuimos a buscar un sitio cercano al vehículo.

Nada mas desplegar la comida en la mesa, apareció una bandada de cotorras con un colorido que nos dejó pasmado, pero nopasó de largo sino que vinieron alrededor nuestro a ver lo que podían comer.

Les tiramos trocitos de pan y poco a poco se fueron acercando hasta instalarse a comer sobre nuestra mesa, estábamos encantados con estos amigos tan sociables. Luego apareció una Kokaburra, que es un pájaro mas grande, típico australiano y que su canto suena como una gallina riéndose según palabras de un conocido de aquí, un pájaro tipo urraca pero mas grande. Las cotorras salieron de espantada cuando lo vieron. En los árboles cantaban otros pájaros sin identificar. Un sitio precioso.

Después de comer aparecieron de nuevo las cotorritas y eran tan mansos que Soledad les acercó algo de comer que lo examinaban muy de cerca y lo que mas les gustó fue el caramelo, que lo tomaban de la mano y picoteaban. Fue un buen comienzo de viaje.

Salimos un poco más al Sur y pasamos por sitios de playa, tocó ir al supermercado como siempre. Allí decidimos que sería mejor conocer algún sitio menos poblado con otro tipo de geografía que sólo podíamos hallarlo encontrarlo tierra adentro, o sea hacia el Oeste.

En casi toda la parte Este de Australia hay  lo que se llama en español la Gran Cordillera Divisoria, que es una zona montañosa entre el mar de Tasmania y el enorme desierto interior que conforma la casi totalidad del continente, teníamos que atravesar esa cordillera para llegar a la zona plana donde se suponía que teníamos que encontrar lo que mas nos importaba de ver por esas tierras, campos con canguros o cosas por el estilo. En el mapa se veía por todos lados “Rio Canguro”, Parque “Nacional canguro”, “Kangaroo Valley”, o sea que no íbamos a tener problemas por ver a esos saltarines animalitos, además como todo el mundo habla aquí de que los canguros son una plaga y que salen a dispararles y se ven cantidad de coches que tienen reflectores, enormes parachoques “anti canguros”, y todo el mundo nos advirtió que había que tener cuidado tanto por la noche como al amanecer para no chocarte con ellos, ya estábamos un tanto sugestionados con el tema y casi se nos salían los ojos mirando a todos lados y pensar que se nos podían poner en nuestro camino y estrellarnos.

Más todavía cuando en las carreteras están constantemente los típicos carteles amarillos advirtiendo de las zonas de peligro con canguros, hasta que llegada la noche decidimos acampar en vista de tal inminente peligro.

Buscamos un sitio tranquilo a las afueras de un pueblo y armamos la cama para pasar nuestra primera noche de descanso sin el movimiento típico del barco, después de 6 meses (excepto Soledad que guardó cama unos cuantos días en el hospital). Pero algo no cuadraba con las tablas de la cama.

El sistema era bastante simple, a los lados del vehículo había dos asientos con colchonetas y al ponerle una tabla al centro se transformaba en una cama. O la furgoneta había encogido o la tabla era demasiada grande que no encajaba y la tabla central se caía haciendo un pozo central tipo “anti escora”, pero realmente en este vehículo no hacía falta. La verdad fue que nos partimos de risa y Soledad decía que tendríamos que haber alquilado otra un poco más cara. No hay como el cansancio para dormir a pata suelta, aunque sea cada uno a los bordes del hueco.

El desayuno fue reponedor y tanto el frigorífico y el hornillo funcionaron bien y con la luz del día nos aclaramos con algo que nos desconcertó la noche anterior. Nos había parecido ver un potente faro pero se suponía que estábamos a por lo menos 100 kilómetros del mar y en medio de las montañas y como suponíamos que estábamos a bastantes kilómetros tierra adentro pensábamos que estábamos sugestionados por estar tanto tiempo en la mar y ya veíamos a hasta en medio de las montañas. Ocurrió que no eran alucinaciones ni nos habíamos perdido regresando nuevamente hacia el este, en la guía vimos que se trataba de un faro puesto en una torre y que el sitio es un museo en homenaje a los caídos en la 1ª guerra mundial, hecho en el año 1925 y lo encendían de noche liándonos totalmente.

Por la noche oímos un par de disparos por lo que supusimos que estábamos en zona de cazadores de canguros.

En Sydney conocimos a un chileno que vive aquí desde pequeño y nos contaba que suelen ir varios amigos al campo a dispararle a los canguros, que según ellos son una plaga aunque de momento nunca nos encontramos con ellos, salvo nada mas llegar a Australia en Bundaberg que vimos unos cuantos muy lejos.

Durante la mañana siguiente salimos con rumbo Oeste, las montañas eran cada vez mas bajas hasta que estuvimos en una llanura total, donde se empezaban a ver granjas y zonas inundadas. Durante la época de lluvia (creo que siempre) queda casi toda estas zonas cubierta de agua y en las carreteras hay marcas de los niveles a la que puede llegar, uno o dos metros, menos mal que rodábamos en días soleados.

(Esto también sirve para medir al personal, je, je)

Por fortuna para las aves…

Aunque no era la intención de visitar la capital del país, Camberra, fuimos como de paso y efectivamente tal como nos lo habían dicho, no es una ciudad atractiva, diseñada exprofeso para ser la capital administrativa, está todo planificado y para nosotros feo. Esta es la muestra mas representativa.

El lago que rodea la parte presidencial…

Que será también artificial…

Los pueblos del interior son básicamente una calle principal (que es también la carretera) donde están los pequeños negocios, restaurantes, ferreterías y productos agrarios.

Soledad intentando llenar el tanque…

Uno de los inconvenientes que nos inquietó fue la falta de combustible. Las distancias son enormes entre pequeños pueblos y no en todos hay gasolineras por lo que en algunas ocasiones estuvimos a punto de que se nos acabase, y a la tercera vez que nos pasó esto no dejábamos que el tanque esté a menos de la mitad y lo llenábamos de nuevo.

Pueblos muy parecidos…

Nos quedaba pendiente intentar reparar la tabla de la cama. Paramos en un pueblo llamado Temora, otro típico pueblo de carretera y aunque tenía algunas iglesias de cierto porte seguramente cuando las hicieron tenían grandes expectativas de crecimiento, pero el pueblo seguía siendo en esencia una calle-carretera principal donde están los comercios. Buscamos una ferretería donde compramos unos ángulos de metal y un destornillador para la reparación. Después de caminar un poco el motor del coche no funcionó. Me había dejado la luz prendida y la batería se fue. Después de preguntar a los que aparcaban por allí cerca parecía mentira que en un sitio del campo y con casi la mayoría de coches todo-terreno no tuvieran cable para conectar baterías. Por suerte allí muy cerca había un taller de electricidad de coches y nos solucionaron rápidamente el arranque. Ya nos veíamos con la cama reparada y el coche sin arrancar. Menos mal que fue allí y no en un área de descanso alejada de todo como acostumbramos a dormir.

El Ayuntamiento de Temora, donde el coche no arrancó.

El hotel de Temora…

Y la Catedral de Temora…

Y muchos viajeros en moto-caravana.

Cuando llegaba el atardecer recorríamos carreteras pequeñas tipo comarcales y buscábamos un área tranquila para descansar. Sólo había pequeños caminos de tierra roja y no nos entusiasmaba la idea de quedarnos en un sitio demasiado solitario porque habíamos visto señales de gamberros que en estos parajes de zonas rurales se entretenían disparándoles no sólo a los canguritos sino que a los carteles de la carretera, árboles, y a todo lo que encontraban a su paso. Por aquí casi todos los vehículos son camionetas todo-terreno abiertas atrás con potentes reflectores y parachoques reforzados y en la parte de atrás hay unos tubos donde van los cazadores de pie, según vimos una vez en la tele.

Total que en una de esas vemos un cartel que decía “Porqué descansar en un sitio sin nada teniendo un camping gratis en BURCHER”. Vamos a ver ese sitio y pueda ser que allí haya una gasolinera ya que la aguja del medidor tocaba el mínimo.

BURCHER

Al llegar al cruce de la entrada a Burcher vimos que estaba a 10 kilómetros y como no era demasiado lejos tiramos allí. El camino era de una sola vía, aún más rural todavía, con los costados inundados y a veces estaba el suelo todavía con barro de la última inundación.

El pueblo constaba de una decena de casas y no había un alma por allí, por supuesto que no había gasolineras ni tiendas, sólo un hotel de pueblo y una oficina de correos, pero encantador por lo extraño, ya que parecía que entrabamos en una escenografía de una películas de esas en que a los turistas despistados les va a pasar algo, hasta imaginábamos que alguien espiaba detrás de los visillos de las ventanas.

Un pequeño cartel descolorido y también con señales de un disparo ponía “Camping” escrito a mano. A unos 30 metros llegamos a una casita con techo de chapa y rodeada de árboles donde revoloteaban ruidosamente loros y cotorras bastante grandes. Aparcamos bajo unos pinos y fuimos a examinar el lugar.

Muchos loros en los árboles…

El camping funcionaría durante el verano y no había señales de que hubiera pasado alguien por allí en bastante tiempo, todo estaba lleno de polvo, revistas húmedas, rollos de papel intactos y humedecidos y telas de arañas que cruzaban de las vigas de madera hacia el suelo. En la parte de atrás había por un lado baños  para hombres y por el otro para mujeres.

Aunque todo estaba construido rudamente, tenía todos los servicios y el la parte delantera del hall había un cartel escrito a la brava en la pared que indicaba que se recibían donaciones. Como teníamos que pasar la noche igualmente en alguna parte este nos pareció un sitio estupendo. De todas maneras inspeccioné el cuadro eléctrico y comprobé que había luz eléctrica, conecté el termo de agua caliente y empezó a funcionar. Mientras se calentaba el agua fuimos a dar un paseo por los alrededores. Se conoce que la base de existencia de este poblado agrario eran unos enormes silos de granos que estaban a unos 100 metros de la única calle principal, y el personal trabajaría con agricultura y en el silo.

Hora del desayuno…

¡Buen provecho…!

Estaba escrito que la donación era voluntaria, ¡de 5 dólares la noche…! Un regalo, un cámping para nosotros solos.

Ya hablamos alguna vez de lo desarrollado que está el turismo tanto en New Zealand como en Australia y siempre pero siempre encuentran un motivo turístico sea de la índole que sea e informan a los visitantes aunque sea algo cotidiano y sin aparente atractivo. Este era el caso de Burcher.

A pesar de ser un poblado de pocas casas y de construcción ruda tirando a pobre, en una llanura donde sólo había sembrados de granos en los alrededores, incluso el típico desarreglo despreocupado de los habitantes que dejan todo tirado por cualquier parte sean chapas, maderas coches viejos y juguetes abandonados en los jardines con malezas, pero por aquí todo tiene un valor turístico aunque a uno le cueste creer.

Burcher tiene impresos folletos turísticos en que como todo sitio turístico tiene una carátula de presentación tipo “La Gran Manzana” cuando se refiere a New York, en Grecia “La Cuna de la Civilización” etc., Burcher se presenta como “El Corazón de Nueva Gales del Sur” y en la foto principal se puede ver unos troncos de árboles, una cruz de palo con unas malezas de fondo. Abajo pone, “La Capilla de la Naturaleza”. Si alguien siente curiosidad por ver de que se trata al abrir el folleto se puede ver el enorme silo de hormigón y los restos de unas vías de tren que ya no existe, una foto de un museo de la repostería que estaba cerrado, un parque infantil con tobogán un columpio, otra foto de la única tienda de ramos generales que hace las veces de correo y en la contraportada una invitación para participar en los dos únicos eventos anuales, uno la fiesta de Fin de año y el otro el desayuno del día de Australia. En la contraportada hay una foto de algo que viene de la época de los aborígenes que hasta el día de hoy no podemos descifrar lo que es y otra foto con unas ramas secas. También hay un mapa para encontrar el pueblo en aquella inmensidad de llanura, porque una vez que se entra por esa carretera no hay pérdida ya que la carretera termina allí.

Otro tríptico es mas explícito y muestra a los que seguramente son moradores del lugar en un sitio que sería el museo y se pueden ver colgadas de las paredes hachas, palas, picos y azadas, otra foto con un tractor arando, otra foto con la foto del pequeño hotel y en la contraportada otro mapa de la región. Este tiene además literatura y explica que los exploradores se asentaron en esta zona en 1817, en esta zona que estaba habitada por indígenas aborígenes australianos, no explica nada mas de lo que pasó con aquellos habitantes pero nosotros los únicos que vimos son los que están en Sydney danzando para los turistas y son parte del 1% de los habitantes de este país.

En este segundo folleto parece que ampliaron el calendario de festejos anuales y hay además una misa en semana Santa, un torneo Open de golf, un picnic bajo los pinos cada dos años, un concierto en la escuela pública, y la celebración del día de Melbourne. En fin, durante un rato tratábamos de imaginarnos dónde y cómo serían esas celebraciones.

Eso no quita a que sea un lugar que invite al descanso y la meditación.

El calentador de agua era una maravilla y después de la cena la ducha fue reponedora. Dormimos a pata suelta hasta el amanecer en que nos despertó el canto de las cotorras, loros y Kokaburras que aleteaban en los árboles encima de nosotros. La reparación de la cama fue un éxito, no se cayó ni una sola vez.  Desayuno, otra ducha, donación con una nota de agradecimiento y una vez que apagamos la corriente eléctrica nos marchamos sin ver a nadie. Burcher fue una de esas paradas extrañas y a la vez agradables tal vez por lo inusual y surreal.

De nuevo en la carretera el tema de la gasolina volvía a ocupar el primer lugar. Estábamos justo a mitad de camino entre dos pueblos, 50 kilómetros hacia adelante y 52 hacia el último pueblo del día anterior, tiramos hacia adelante con la esperanza que sea algún pueblo mas grande que Burcher y haya gasolinera. Ya habíamos visto cantidad de vehículos con pequeños acoplados tanque y nos dimos cuenta que servían para llevar de las gasolineras el combustible hacia las granjas lejanas donde lo necesitaban para la maquinaria agrícola, generadores, y vehículos.

CANGURO

Seguíamos sin ver un solo canguro y empezábamos a pensar en la verdadera existencia de esos animalitos que sólo los veíamos pintados de negro en los rombos amarillos a las orillas de las carreteras, hasta que nos topamos con uno muerto en la carretera. Paramos en seco y vimos que era uno joven, nos dio mucha pena aunque reconocimos que aunque haya sido de esa manera habíamos visto uno. Los canguros existían.

Paramos a ver lo que era, una oveja.

Pero un poco mas adelante vimos a este pobrecito…

Condobolin se llamaba el pueblo al que logramos llegar casi con el vapor de la poca gasolina que teníamos. Comimos en un parque y vimos transcurrir un poco la vida de la gente allí. Un pueblo grande con muchos negocios agrarios y los jóvenes que dan vueltas con sus relucientes coches de gran cilindrada y escape libre, enormes camiones con enormes tráileres de incontables neumáticos que transportan mercancías. En Australia el transporte se hace eminentemente por carretera y como las distancias son grandes los camiones son enormes también y aprovechan la potencia de los grandes motores para arrastrar muchos acoplados.

Campos enormes sembrados…

Y más campos sembrados de canola…

Y el famoso “Tanque Australiano”

Tras recorrer kilómetros con el mismo paisaje y en vista de que podíamos seguir así incontables días decidimos aventurarnos por otros tipos de paisajes y fuimos hacia el este nuevamente, hacia la zona montañosa siempre mas entretenida por los paisajes y paisajes mas variados.

Pillamos un accidente en la carretera que nos hizo desviarnos muchos kilómetros.

Cerca de Sydney están las Blue Mountains que si bien serán algo muy digno de ver, a nosotros esos paisajes no nos dicen demasiado después de haber visto tantos, pero como había que pasar por allí para ir un poco por el Norte de Sydney, las visitaríamos. Para nosotros el atractivo de lo que se ve desde la carretera en lo mas interesante en cuanto a paseos y según empezamos a subir las primeras montañas la vista se fue haciendo mas bonita.

BLUE MOUNTAINS

Llegamos a este sitio, una de las atracciones publicadas como reclamo turístico y como casi siempre (por lo menos en los meses que llevamos por aquí) la niebla y la lluvia cerraban el paisaje. Lo primero que vimos fue un pueblo llamado Blackheath, muy bonito con casas tipo de alta montaña al estilo Suiza, Colorado, Bariloche, con parques y jardines de césped y pinos, carreteras y calles en colinas, donde estará siempre lloviendo, todo con muy buena construcción y de buen gusto. Aquí falló la información de las carreteras y en primer momento no sabíamos donde estábamos ni para donde tirar, total que seguimos rodando hasta que aparecieron nuevamente los carteles de un circuito que serpenteaba las montañas azules y el pueblo de Katoomba.

Estas montañas es observan desde lo alto hacia abajo, es como estar arriba de una meseta y la vista es para abajo. Hay un camino cornisa de donde hay miradores (los mejores sitios son siempre de pago, claro) aunque por la niebla y la lluvia casi no se veía nada, suponíamos que el gran valle estaría por allí abajo y no nos perdimos casi ningún sitio donde podíamos parar, caminando por interminables senderos con barro y poco a poco el cielo se fue despejando algo.

Lo que se puede ver desde esas alturas en un enorme valle que al ser un Parque Nacional no hay carreteras ni casas, sólo una masa tupida de copas de árboles a unos 500 o 1000 metros abajo. La vista es impresionante.

Por aqui casi siempre está nublado…

Y lloviendo…

De ahi tanta vegetación…

Muy bonito de todas maneras…

Donde haya montañas…

El panorama mejoró con el día mas claro pero decidimos continuar a explorar otra zona con algo diferente.

Salimos carretera abajo hasta Penrith, una ciudad en la llanura hacia el Este con enormes ríos navegables y un movimiento comercial importante.

Después tiramos hacia el Noreste hasta otro pueblo llamado Windsor donde vimos al pasar una carrera de motonáutica y había algo así como sus fiestas patronales.

En este carro daban de comer mientras te paseaban…

En toda esta zona se dedican a la cría de caballos tanto de carrera como de salto y está llena de granjas. El camino es sinuoso y muy bonito por unas carreteras angostas pero de dos vías.

Al bajar de una colina nos encontramos con que la carretera continuaba en un ferry y no había tiempo ni espacio para dar la vuelta, subimos directamente al ferry, cerraron la puerta de atrás y se puso en marcha inmediatamente cruzando un manso río Hawkesbury que va a desembocar en Broken Bay, muchos kilómetros mas lejos. Como no había cobradores y pensamos que era uno de los tantos sistemas de cobro que hay tanto en autopistas, puentes y túneles donde hay que pagar por internet, o por teléfono. Seguimos adelante por aquellos caminos entre grandes árboles.

Desde un mirador vimos desde arriba el lecho del mismo río sinuoso al ser un terreno llano y según parecía teníamos que cruzarlo de nuevo. Fue así, al llegar a un sitio llamado Wisemans Ferry donde hay hermosos parques con pérgolas mesas y bancos para picnic.

Allí comimos un poco y cuando salimos a caminar hablamos con un empleado del ferry y nos dijo que los ferry eran un servicio gratuito.

Como se ve hay muchas formas de hacer turismo…

Después de cruzar nuevamente este río en uno de los dos ferris y recorrimos la orilla izquierda durante muchos kilómetros. Hay que decir que el tráfico tanto en Sydney como por las carreteras del interior es muy ordenado y la gente es muy respetuosa, jamás hay bocinazos ni maniobras peligrosas.

Llegamos a Broken Bay.

Queríamos ver por tierra la zona de Broken Bay donde navegaríamos después de salir de Sydney y comprobamos que es un sitio precioso, con cantidad de pequeñas bahías y calas con veleros y lanchas fondeadas y en boyas, a cada tanto hay lujosas marinas. Las casas en esa zona son seguramente de gente de economías potentes a juzgar por los diseños, jardines y coches aparcados.

Recorrimos  todo lo que pudimos hasta que se nos hizo de noche. Volvimos por el lado Este, con el Mar de Tasmania a la izquierda. Cenamos en un Mac Donalds y localizamos un camping que como ya estaba cerrado había gente con auto caravanas afuera, hablamos con unos chicos surferos-furgonteros y en vista que tanto ellos como los otros se quedaban por allí a dormir, nosotros  también.

A la mañana siguiente y en previsión de que al ser lunes podía haber atascos a la entrada de Sydney, salimos muy temprano y paramos a desayunar a la orilla del Spit Bridge puente que entra a Middle Harbour hasta que amaneció y después de dar un paseo salimos hacia el Sydney Harbour bridge que es el emblemático puente de hierro que ya pasamos con el barco por debajo. Teníamos que devolver la furgoneta después de mediodía.

Como finalmente llegamos temprano al barco, después de sacar todos los trastos y limpiar un poco adentro del coche, fuimos a recorrer la zona de Double Bay, Rose Bay que ya estuvimos con el barco y la gran playa de Sydney que se llama Bondi hasta que encaramos la casa de alquiler Jucy, en Botany Bay.

En el barrio de King Cross las banderas gay ondean desde hace tiempo, la ciudad de Sydney es la segunda ciudad gay del mundo después de San Francisco.

La Bahia de Sydney desde tierra…

En conclusión recorrimos muchos kilómetros y nos hicimos una idea de como es esta zona tierra adentro, el alquiler del vehículo era por 5 días que al final quedan en 4 porque como son coches “Camper” y los tienen que limpiar hay que entregarlos antes y uno pierde un día, aquí es así, y sumado que hay que recogerlos y entregarlos en el quinto pino, hay que ir en autobús, peor todavía. El viajecito muy provechoso y bonito aunque no vimos los canguros ni los ositos ni los koalas que están en todas las fotos de las guías, pero todavía nos quedan otras oportunidades para intentar verlos sin que sean en cautividad en parques de pago o en Zoológicos.

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